viernes, 3 de abril de 2026

Ansiedad, estrés y angustia: generalidades y diferenciación

diferenciacion de Ansiedad, estrés y angustia

imagen generada por Google IA

 

¿Cuántas veces has dicho “estoy estresado” cuando en realidad estabas sintiendo ansiedad?

En el lenguaje más coloquial, en la sociedad, con nuestras amistades, e incluso muchas veces en terapia, estos tres términos se suelen reducir para facilitar la comprensión de la afectación de los pacientes o de la conversación, utilizando la palabra ansiedad para generalizar diferentes (aunque parecidas) respuestas de las personas ante situaciones parecidas, pero esto no es del todo así.

Incluso históricamente los profesionales de diferentes disciplinas han confundido los tres términos, como si fueran intercambiables, pero desde el punto de vista de la psicología podemos ver que cada uno tiene un significado y una experiencia particular, por lo que es algo habitual que esto pueda suceder.

¿Sabes distinguir entre estos tres conceptos cercanos o los sueles confundir? Diferenciarlos no es solo una cuestión de teoría o de precisión: reconocer qué nos pasa realmente es el primer paso para poder atenderlo adecuadamente.

Intentaremos aclararlo un poco de este artículo.


Ansiedad: anticipándonos al futuro

La ansiedad es una reacción natural del organismo. Surge cuando percibimos una amenaza —real o imaginada— y nuestro cuerpo se prepara para responder a ella: aumenta el ritmo cardíaco, la respiración se acelera y la mente se llena de pensamientos anticipatorios.

Un poco de ansiedad es adaptativa: nos mantiene alerta, enfocadas, activas y preparadas. Pero cuando se vuelve intensa o constante, se convierte en un obstáculo que puede llegar a afectar profundamente el sueño, la concentración, la calma y otros elementos de la vida diaria.

La ansiedad implica una anticipación de peligro que puede no ser real, pero se siente como si lo fuera. Si comparamos ansiedad con miedo, vemos que a diferencia de la ansiedad, el miedo responde a una amenaza inmediata, real y concreta.

Desde la mirada de la Gestalt, la ansiedad nos aleja del presente: nos proyecta hacia el “después”, hacia lo que podría pasar. Recuperar el aquí y ahora —a través de la respiración, el cuerpo y la presencia— permite disminuir ese estado de alerta y volver a lo real.


Angustia: cuando el malestar se vuelve existencial

Filosóficamente, autores como Kierkegaard o Heidegger describieron la angustia como una sensación de vacío que nos confronta con la nada, con la finitud o con el sentido de la vida.

A nivel psicológico, se entiende como una reacción profunda ante una pérdida, una crisis vital o una disonancia interna entre lo que somos y lo que creemos que deberíamos ser.

La angustia se relaciona con un sufrimiento psíquico más existencial e intenso, mientras que la ansiedad se basa en la preocupación y la anticipación del peligro.

En términos clínicos, la angustia tiende a expresarse a través de síntomas físicos (opresión, bloqueo, dificultad para respirar) y una vivencia de indefensión.


Estrés: la respuesta del cuerpo ante la sobrecarga

El estrés no es una emoción, sino una respuesta fisiológica y psicológica del organismo ante una demanda que percibe como excesiva. Según Lazarus y Folkman, el estrés surge cuando “las demandas del entorno superan los recursos del individuo para afrontarlas.”

A diferencia de la ansiedad, el estrés suele tener un origen concreto e identificable: una carga laboral, una responsabilidad, un cambio vital… Y, a diferencia de la angustia, no remueve tanto el sentido de la existencia, sino que lo que se pone en juego es el equilibrio entre las exigencias externas y los recursos que tenemos para afrontarlas.

Al igual que la ansiedad, el estrés en pequeñas dosis puede ser positivo (lo que Selye llamó eustrés): nos motiva y activa. Pero cuando se prolonga, se convierte en distrés, agotando al cuerpo y la mente.
Harvard Health (2022) advierte que el estrés crónico puede provocar alteraciones inmunológicas, insomnio y vulnerabilidad emocional.

Diferencias: tres niveles de malestar

Sinópticamente hablando, la ansiedad, el estrés y la angustia difieren principalmente en su origen temporal y manifestaciones: el estrés es una respuesta a una presión externa actual, la ansiedad es una preocupación anticipatoria y constante por el futuro, y la angustia es una reacción emocional intensa, a menudo física (visceral/paralizante) y de origen inconsciente.

Los términos de ansiedad, estrés y angustia han sido, y siguen siendo, confundidos de manera habitual, llegando en muchas ocasiones a emplearse como sinónimos. Sin embargo, cada uno de los términos va a hacer referencia a cosas diferentes.

El estrés es un fenómeno complejo en el que van a influir el propio ambiente, los aspectos psicológicos y la respuesta fisiológica de la persona. De este modo, cuando un individuo percibe en el ambiente una dificultad que ha de afrontar y para la cual se ve incapaz, dado que tal vez no tenga los recursos adecuados, va a tener que realizar un sobresfuerzo que junto a la imposibilidad de llevarlo a cabo dará lugar a un malestar. Ese malestar sería la ansiedad y/o angustia.

Mientras la ansiedad haría referencia al componente psicológico o psíquico de ese malestar, la angustia representaría la parte física. Así, cuanto mayor sea la ansiedad, mayor será la angustia.

En todo caso, estas definiciones y diferenciaciones han sufrido durante años multitud de debates en la psicología, ya que son términos muy difusos y que se pueden confundir entre sí. En terapia, no es realmente tan importante la diferenciación de conceptos, sino el aprendizaje de por qué se producen, para qué sirven y cómo podemos elaborarlas para que sean racionales, ya que la disfuncionalidad de la experiencia de los conceptos anteriores podría producir mucho malestar en las personas que lo padecen. Si este es tu caso, lo mejor es que acudas a un profesional de la psicología y te informes sobre tu problemática.

Podríamos imaginar estos tres conceptos como capas de profundidad emocional:

Causa Cómo se vive Efecto principal
Estrés Exigencias externas o sobrecarga Tensión, fatiga, irritabilidad, sobrecarga mental Activación sostenida del cuerpo
Ansiedad Amenaza o peligro anticipado Inquietud, pensamientos catastróficos, síntomas físicos Preocupación y agitación mental
Angustia Crisis interna o existencial Opresión, bloqueo, incertidumbre Vacío, desconcierto vital

El psicólogo y psicoanalista Carlos Bonilla aclara que, aunque la ansiedad se confunde con el estrés o la angustia, cada una tiene causas distintas: el estrés surge por falta de herramientas laborales, la ansiedad por exceso de futuro y la angustia por traumas no resueltos.

Según el experto, el estrés causa 12.000 millones de días laborales perdidos anuales, mientras que la angustia, al ser más primitiva, suele vincularse a eventos de la infancia que el paciente no identifica.

Añade que, aunque estos términos se usan indistintamente, diferenciarlos es clave para abordar su impacto en la salud mental, ya que requieren tratamientos específicos.

Fuente: https://www.extratvcr.com/

La mirada de la terapia Gestalt hacia estas tres experiencias, es que todas tienen una función: son mensajeras de algo que necesita ser atendido.

Además de gestionar la ansiedad o suprimir el estrés, es necesario trabajar para escuchar la experiencia. A través del cuerpo, la respiración, el contacto con las emociones y el presente, la persona aprende a reconocer lo que siente sin juzgarlo, lo que permite que el síntoma pierda intensidad.

El proceso consiste en transformar la reacción en conciencia. Al transitar lo que nos altera —una exigencia interna, una emoción no expresada o un miedo profundo—, encontramos formas más sanas de responder.

El trabajo no pasa por eliminarlas sin más, sino hacerlas conscientes, darles forma, nombre y desarrollar recursos y herramientas profundas y sostenibles en el tiempo para poder gestionarlas de forma consciente y sana.

Si estos estados son persistentes e invalidantes, es importante buscar ayuda profesional para desarrollar estrategias de afrontamiento.

Vivir sin ansiedad, angustia o estrés no es posible. Pero sí es posible vivir con conciencia y presencia, aprendiendo a sostener lo que sentimos sin huir de ello. Como decía Fritz Perls, fundador de la Terapia Gestalt:

“La ansiedad es la brecha entre el ahora y el después.”


Disclaimer: Este contenido se publica con fines estrictamente informativos, y de ninguna manara es sustitutivo de la consulta profesional. Por tanto, para obtener consejos o diagnósticos médicos, consulta a un profesional.


Fuentes:

Esta publicación es el resultado de la investigación y compilación de portales acreditados, cuyas fuentes se citan a continuación (para quien desee suscribirse a ellas) cumpliendo con la correspondiente acreditación documentaria que evita plagio:

https://bcngestalt.com/

https://www.topdoctors.es/

https://www.centreinsight.es/

https://www.extratvcr.com/